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Los toros, el Futbol y la violencia PDF Imprimir E-Mail

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Freddy Ramírez  “Garapuyo”

El domingo como es tradición  -que curioso a la hora taurina- cuatro de la tarde fui al encuentro de Futbol profesional entre el equipo local Estudiantes y el visitante Deportivo Italia, alegría,  cola para comprar el boleto de entrada, por cierto  lo adquirí  para la tribuna que no da Sol, es decir Sombra, para no perder la costumbre me colee para la tribuna donde  el inclemente Sol  cae de frente en la propia cara.

Acá en el Estadio Metropolitano de Mérida Venezuela también existe aquello de Sol y Sombra, lo único que cambia con respecto a un coso taurino, serian las barreras que existen  pero no son utilizadas, pues me imagino a un encopetado oligarca recibiendo todo tipo de líquidos y objetos en sus humanidades a la hora de un festejo o protesta, -lo que no ocurre jamás en una plaza de toros-.

Para diferenciar  al soberano, pueblo, público, o el populacho o como también le dicen “los pata en el suelo”, en el Metropolitano y en todos los demás escenarios futboleros  existe un sitio con todos los privilegios al estilo del mismísimo  Imperio llamado  VIP situado en lo más alto del recinto.

Niños muchos niños, acompañados como debe ser con sus representantes y padres, damas muy jóvenes, todo normal, las barras “reventadores de oficio” hacen su labor, suenan los cueros anunciando quizás una “guerra deportiva”, canticos y arengas, algunos llevan pintadas sus caras.

 Hasta acá todo es alegría, por los altoparlantes alguien muy metido en el verbo de manejar masas va predisponiendo a los asistentes, hasta que revientan al unisonó con vítores, papelillo, suenas los cueros, cornetas, sirenas, ¡a saltado al gramado el equipo local!, algún jugador lleva su crio vestido a la usanza  muy agarrado de la mano, pero ¡hay! cuando sale el onceno visitante, aquello cambia, lo que sonaba se calla, dando paso a los gañotes mas extraordinarios, salen las voces deseando lo mas negro para los venidos de afuera, los niños y alguna niña se unen para formar un autentico coro con frases y palabras altisonantes que no se pueden escribir.

Un poco después viene la presentación de cada uno de los jugadores, palmas  y vítores para los de casa y lo inimaginable para los visitantes, todo en coro continuo por espacio de 11 veces, el de negro o mejor el arbitro hace sonar el pitazo inicial y empieza el encuentro, una mala apreciación según el publico local, hace que una buena parte de los asistentes  pida la muerte  para el vestido de negro o de otro color “arbitro”.

Mas tarde un jugador del estudiantes específicamente el numero 09 de apellido Aldabe, falla  para algunos su tercera ocasión de gol, gritos de fuera, fuera, dos fanáticos que estaban en la fila anterior pidieron también la  muerte para este jugador, tres niños de la fila de adelante miran con admiración aquellos dos facinerosos -algún filosofo dirá por allí que esta violencia en el estadio y que es necesaria, pues allí la gente y que descarga aquellos deseos que tienen reprimidos- ,

Minutos después un contrario casi le fractura, un tobillo a su oponente, este sale cargado por camilleros una vez repuesto  riposta con otra patada a la mismísima cara… que tal… violencia o no…

 Un tanto mas tarde la evocación de la muerte al contrario ya es un eco, gracias a Dios que ya “muriendo” el juego una ficha del glorioso Estudiantes de Mérida hace el gol de la Victoria.

 Dirán todos ustedes a que viene el futbol en una columna exclusiva para escribir de toros, bueno muy simple,  la fiesta brava es la mas democrática de todas las fiestas, allí hay un juez o comisión taurina, que en un acuerdo con el soberano administra justicia y premia y no como el arbitro de futbol donde su apreciación es una sentencia este equivocado o no. El público asistente a las plazas de toros no profesa la violencia, si hay alguien con esta enfermedad la autoridad lo puede retirar del recinto, para finalizar esta parte primera, lo cruento de las corridas de toros se aprecia a través del  arte y se cataloga como parte de una  una  cultura… seguiremos …
 
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Mérida, Venezuela