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lunes, 2 de marzo de 2015

LEONARDO BENITEZ SE RADICARA EN COLOMBIA PARA SEGUIR RUGIENDO



Jesús Ramírez “El Tato”

Foto Garcia Soteldo

Han pasado dos décadas desde la tarde del 18 de octubre de 1.992 cuando Leonardo Benítez Flores se convirtió en matador de toros en Monterrey, Nuevo León, México, compartiendo cartel con el maestro Eloy Cavazos y “Armillita chico” con toros de “Santiago”.

Más de dos décadas que lo sitúan en la lista de los escasos y privilegiados toreros americanos que ha podido aguantar la dura lucha fuera de su país, dejando constancia y ejemplo de perseverancia, afición y profesionalismo. 

Desde su residencia familiar en Querétaro, Benítez ha venido dándole forma y vida a su profesión, pensando con madurez para decidir en forma equilibrada y coherente su futuro inmediato.

Son escasas las oportunidades de vestirse de luces en ese México que tanto quiere y que lo adoptó. Habrá quienes piensan que ya el torero bajó la guardia, pero no, el León de Caracas ahora es que sigue rugiendo y con los ojos y mente clara para seguir impulsando su afición, su vocación y su optimismo. Tantos años en suelo mexicano, 17 cornadas, 5 de ellas muy graves, fortalecen a este torero que no abandona su lucha.

En Mérida, tras finalizar sus compromisos, hablamos con el maestro caraqueño, pausado, consciente de su responsabilidad y muy optimista con las decisiones que toma.

“A muchos le sorprenderá lo que les voy a decir, después de tantos años en México, diría que toda la vida casi”, afirma el diestro caraqueño. “Llega el momento que hay que replantearse la vida mientras podamos caminar con la frente y la moral en alto”, afirma. “En México, cada día la fiesta se españoliza más y se reduce el mercado. En la plaza México siempre he dado la cara y de hecho pertenezco al escasísimo circulo de toreros no mexicanos que he recibido un rabo en el coso de Insurgentes. Pero eso no le dice nada a Herrerías, quien me tiene vetado desde hace siete años”. 

“Pero Dios es sabio y me ha puesto en el camino de reorientarme, de buscar nuevos aires profesionales. Por ello les digo que me marcho a Colombia con toda mi ilusión”. Nos dice que “allí tiene a un gran profesional que es Luís Castro, matador, rejoneador, empresario y por sobre todo un ser humano especial para el exigente mundo del toro”.

Refiere Benítez que ya ha estado en el campo bravo colombiano, con ganaderos extraordinarios, afición entendida y que incluso ya tiene el lugar donde fijará morada con su familia a escasos quince minutos de Bogotá.

Por donde quiera que llegue a Colombia, por Bogotá o por Cúcuta, avanzará el aguerrido caminante poseído por la impresión de ascender a ese mundo taurino vecino al nuestro. Leonardo Benítez, el bautizado León de Caracas, marca agradecimientos a Orlando Farot y a Juan Comella, quienes le han dedicado su valioso tiempo, igual que Luis Castro en Colombia. Y el veterano espada no abandona a México definitivamente, porque si Antonio Barrera cumple su palabra,-nos dice enfático- debería hacer paseíllo este mismo año en la Feria de Aguascalientes, en Ciudad Juárez o Mérida.

Leonardo Benítez quiere llegar a la cumbre en la sierra colombiana en un anacrónico exilio profesional. En México asentó la revolución y la lucha y ahora en tierras neogranadinas con una afición bética quiere descubrir su nueva madurez. Contundente decisión, firme y serena en un camino largo para volver a empezar con ansias de novillero. Al León de Caracas le espera la sabana de Bogotá, capital de su imperio en el exilio taurino. Adelante Benítez. A seguir rugiendo….

FOTO UNO: Leonardo Benítez durante su conversación con el cronista en Mérida. (Foto García Soteldo)

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