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miércoles, 18 de febrero de 2015

Javier Castaño y Viudo Alegre: El broche de oro del Sol


por: Víctor Ramírez “Vitico”

Javier Castaño cuajó de forma casi perfecta al bravo y noble “Viudo Alegre” de La Cruz de Hierro, al que indultó con todos los honores, mientras que Leonardo Rivera se mostró más torero que nunca, en una corrida donde Esaú Fernández y Jonathan Guillén estuvieron animosos, entregados y valientes, ante astados de tres ganaderías venezolanas, que con diferentes matices dieron un estupendo juego.


Javier Castaño se mostró muy por encima del difícil toro de Los Aránguez que abrió plaza, que se orientó pronto. Buenas verónicas y torera larga a una mano fueron el saludo del salmantino a este primero, al que toreó sobre la base del valor, el oficio bien aprendido y la técnica. Colocado siempre bien, enganchando por delante, cruzándose cuando era necesario, no se dejó sorprender por el astado, al que dio excelentes muletazos. La faena fue para profesionales y aficionados.


Pero el destino le tenía a Castaño un toro extraordinario, “Viudo Alegre”, número 579, al que cuajó de forma casi perfecta, y escribo casi perfecta, porque sabemos que la perfección total no existe, pero qué duda cabe que el español estuvo muy cerca de ella. 


Castaño le toreó largo, templado y con la mano baja en estupendas series con ambas manos, tras abrir la faena con emotivos y toreros pases sentado en una silla, que nos evocaron tiempos pasados. El cénit de la faena fue un increíble, templado y soberbio circular citando de espalda, con ambas rodillas en tierra, que fue perfecto, largo y sencillamente inolvidable. El público literalmente rugió y Viudo Alegre embistió como el que más. El indulto, justo y merecido, Javier Castaño dio una apoteósica vuelta al ruedo con dos de las orejas simbólicas más justas que se han cortado en los últimos tiempos.


Gran actuación del merideño Leonardo Rivera, que dio los mejores muletazos de toda la feria. Sereno, tranquilo, con el oficio de quien tiene muchas corridas en su haber (que no es su caso) Rivera lanceó muy bien a la verónica al segundo. Toro éste noble, con clase pero muy suave y soso. Rivera le entendió perfecto, se colocó bien, le tocó mejor y le llevó con pulso, mimo y tersura, en suaves derechazos, despacio y reunido. Con la izquierda desgranó naturales de temple lento, de un delicado aroma y con una cadencia llena de esencia. El único pero, el bajonazo final. Se mostró de nuevo serio y con oficio ante el toro de Los Aránguez, al que bregó muy bien de salida, en capotazos efectivos hacia los medios. Rivera entendió muy bien al toro, tardo y remiso, lo toreó en línea para afianzarlo, le llevó con temple y suavidad, y compuso la figura con clase. Pero en esta faena hubo el que sin duda se puede calificar el mejor muletazo de la feria, un natural hermoso, pulcro, cristalino, con el torero relajado y sereno. No pudo redondear el trasteo, porque el astado se paró, pero de haber acertado con la espada pudo cortar otra oreja. Leonardo Rivera sin duda resurgió en Mérida.


El español Esaú Fernández se las vio con un lote complicado. Ante su primero, al que recibió con larga cambiada de rodillas, se mostró tesonero y entregado, logrando pases de buen trazo, largos y con temple. El noble y tardo toro no permitió al espada redondear. Mucho menos el séptimo, áspero y de corto viaje, que le desarmó varias veces. Fernández se mostró por encima, lo intentó con sinceridad y mató con brevedad. Regaló un fuerte toro de Los Ramírez que saltó al callejón y que tuvo genio y se rajó pronto. Esaú Fernández le toreó con honestidad, se mostró valiente y consiguió pases de mérito. Una estocada ejecutada al hilo de las tablas, con entrega, le permitió cortar la oreja.


Honesto, entregado, valiente y con determinación, Jonathan Guillén pasó con dignidad por la feria. Ante su primero, lanceó con clase a la verónica y consiguió muletazos de buen trazo y mucho mérito. Noble el toro, permitió a Guillén desgranar varios naturales largos, buenos de verdad, a pesar de su escaso oficio. La faena se vino abajo, pero los progresos del torero ahí quedaron. Con el octavo, Jonathan Guillén estuvo bien, con entrega, dejando sobre la arena todo lo que puede dar de momento, dio muletazos de excelente trazo, sobre todo algunos derechazos templados. Con la izquierda consiguió dos naturales largos como ríos y ahí dejo la muestra de que en él, con más corridas, puede haber un torero importante. Los aceros le dejaron sin oreja.


FICHA DE LA CORRIDA


Plaza de toros de Mérida


Martes 17 de febrero.


Sexta corrida de feria.


Más de un cuarto de entrada en tarde de agradable temperatura.


Cuatro toros de Los Aranguez (primero, sexto, séptimo y octavo). Cuatro de La Cruz de Hierro (segundo, tercero, cuarto y quinto). Un toro de Los Ramírez, de regalo (noveno). Bravos, nobles y con clase y un punto sosos segundo, tercero y cuarto. Extraordinario el quinto, “Viudo Alegre”, número 579, cárdeno oscuro bragado, que fue indultado. Interesante el primero, parados y tardos sexto y séptimo, noblón el octavo. Manso con poder el noveno.


Pesos: 458, 492, 482, 490, 450, 469, 453, 449 y 508 kilos.


Javier Castaño, de azul marino y oro: Silencio y dos orejas simbólicas. Salió a hombros.


Leonardo Rivera, de blanco y plata: Oreja y palmas.


Esau Fernández, de marfil y oro con remates negros: Silencio, silencio y oreja.


Jonathan Guillén, de verde botella y oro: Palmas y vuelta al ruedo.


Se retiró del toreo activo el banderillero merideño Enrique Dávila “Coco”, tras 23 años como torero de plata. Dio una emotiva vuelta al ruedo de despedida y recibió el brindis del matador Esaú Fernández. Destacaron en las cuadrillas, en varas William Hidalgo “El Llanerito” y Segundo Salgado. En la brega y banderillas Eduardo Graterol, Diego Guillén, Gerson Guerreo, Mauro David Pereira, Enzo y José Antequera.

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