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domingo, 7 de septiembre de 2014

Puerta grande para los tovareños Orellana y Curro Ramírez



por: Jorge Cepeda

Se abrió el telón de la tradicional feria en honor a la Virgen de Regla en la ciudad de Tovar, ediciòn No 171, donde el primer festejo de la feria, fuera del abono, fue un mano a mano entre dos toreros de este terruño. La corrida resultó interesante donde el público respondió al llamado de los toreros del patio llenando algo más de medio aforo del moderno Coliseo del “Llano”. Los espadas Rafael Orellana y Curro Ramírez salieron por la puerta grande con par de orejas cada uno de ellos, gracias a dos toros de la ganadería tachirense de Hugo Domingo Molina que se dejaron. En el inicio del festejo se coronó a la reina taurina de esta feria: Elizabeth Márquez y se guardó un minuto de silencio por Alfonso Ramírez “El Polaco” y Nito López.

Rafael Orellana

El torero Orellana estuvo bien en su primer burel al que recibió con verónicas templadas y de gusto y que remató a la cadera. El toro llegó a la faena de muleta con poca fuerza y calamochando por lo que Orellana tuvo que enmendar en varias oportunidades; lo despachó de pinchazo y entera dando una vuelta al ruedo.

Con su segundo un toro de Rancho Grande le permitió estar bien con la muleta; realizó una faena al compás del pasodoble y los oles de los presentes; estuvo muy confiado por lo que al finalizar la faena fue prendido aparatosamente sin nada qué lamentar; con la espada fue prendido nuevamente pero su estocada fue certera por lo que el astado rodó sin puntilla y le dieron dos orejas.

Curro Ramírez

El espigado torero nacional tenía tres años sin actuar en su lar nativo, por lo que merece más oportunidad. Con su primero: un toro que se fue arriba desarrollando peligro y manso que saltó al callejón en una oportunidad, le dio varios doblones para tratar de ahormar la embestida pero no lo logró; por el contrario recibió una peligrosa voltereta que lo envió a la enfermería pero salió pronto y demostró mucha voluntad y deseos por lo que tuvo que abreviar, dando una vuelta al ruedo.

Con el segundo un toro colorado de nombre “Corozeño”, de bonita lámina y hechuras que le dejó estar a plenitud con el capote y donde su faena fue larga y de gran gusto; brindó muletazos templados y de mando, el público se le entregó y con un espadazo hasta la cinta lo despachó sin puntilla para que le otorgaran las dos orejas y le dieran vuelta a los despojos del toro de El Prado, número 155 y con 450 kilos.

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